A Silvia
En el jardín de la casa había un árbol muy hermoso, de amplias y cortas ramas de cuyos troncos formaban como una posada; era hermoso e imponente, que estaba ubicado en un rincón de un amplio jardín. Era un árbol de Higo cuya formación en sus ramas daba la apariencia de querer brindar un mensaje: abrazar y amar. Era una mañana que llegaba y se asentaba una familia y había una criatura que cada vez tomaba uso de sus propias razones que veía un mundo desconcertado y caótico sin tranquilidad, ni paz. Mirar por la ventana hacia la calle era ver lo desordenado y el ruido ensordecedor de los buses y la gente. Mirar al árbol era ver la tranquilidad y paz contagiante que le atraía. Al pie del árbol había una gran piedra en forma cuadrada, que bien le podía servir a aquella niña para subir y trepar al árbol con suma facilidad y así iniciar su acercamiento, tocar y jugar; o buscar que comunicarse de la manera más amena posible ¿comunicar? ¿Cómo? Aunque el árbol estaba más a la espera de que pueda ser posada para una niña de quién recién veía y apreciaba lo que la naturaleza le daba y jugar con su perrito a quien llamaba “Chiki”, ese gracioso animalito peludo que entretenía jugando con la niña.
La niña era una solitaria criatura, sus ojos veía tan solo lo que la realidad a su alrededor le mostraba, cosas, comedor, un televisor apagado, una radio, muebles, aparadores. En sus ojos la niña buscaba dónde jugar con “Chiki” y acobijarse en medio de su soledad; no tenía a nadie, sus padres estaban concentrados en otros quehaceres domésticos y de trabajo, que no le daban tiempo para jugar con la niña y menos atenderla en sus inquietudes; pues le quedaba aferrarse a aquel árbol que plantado en el jardín, lo acogía y esperaba con su silencio, a veces estaba postrada y descansando con “Chiki” bajo la sombra del árbol. Un silencio que la veía en las mañanas, en el atardecer y en la noche.
Buena parte del día, la niña vivía sola y “Chiki” a su lado, pero en su mundo buscaba llenar sus imaginaciones en fantasía en su dulce inocencia y de sus juegos. Con “Chiki” jugaba el perrito peludo y saltarín que en algún momento se colgó en alguna rama y que la niña subió para rescatarlo y evitar que se cayera; pero el árbol estaba allí que lo quería cobijar, y la contemplaba, la cuidaba en quietud y silencio.
Aquellos grandes troncos que adornaban al árbol tenían la forma de una pequeña posada para cuando la niña cansada de jugar con “Chiki” pudiera descansar, para así, sentir la tranquilidad mediante el aroma que emitía el árbol, aspiraba ese perfume que le hacía sentir como un ángel que volaba y se desvanecía en el vacío en medio de su propia tranquilidad y paz. Para el árbol, era la felicidad de que en su silencio y contemplación también no estaba solo, pues la niña en su inocencia abrazaba y respiraba ese perfume del árbol, ese aroma que le daba la paz.
La niña en los días siguientes despierta para jugar, y la niña vivía en medio de la aroma que alegraba sus momentos, su rostro angelical iluminaba como una luciérnaga que el árbol cuidaba de ella, la cobijaba, la abrazaba con sus ramas: yo estoy aquí a tu lado y contigo…
Para el árbol, sentía que la niña le pertenecía pero estaba lejos; muy lejos, al fin y al cabo soy un árbol, soy duro con mis ramas pero con mi aroma derrocho mi alma y amor a esa niña; lo que hago es acogerla para abrazarla, el amor estaba muy lejos, pero muy lejos de mí, quería decir el árbol.
La niña jugaba y jugaba con su perrito “Chiki” tan saltarín que transmitía su alegría, reía y olía ese perfume del árbol que le hacía más contenta, pero esperando hasta cuando vea en el lejano camino la luz de que ese alguien se acerque, ¿seré yo?, adivinaba el árbol. Puedo serlo, tendría que convertirme en humano pero ¿cómo dejar de ser árbol? El árbol se hacía preguntas, acaso pensando y creyendo en una reencarnación de árbol a ser humano, pero ¿cómo? si siempre seré árbol hasta que me duren mis ramas y troncos a no ser que alguien me corte para siempre y deje de existir. No sé cómo puedo vivir plantado en medio del árido terral apenas doy hojas; mas no frutos, mis pares fueron cortados porque daban frutas y traían moscas e insectos, y tan solo me dejaron aquí solo, muy solo que me he acostumbrado a ver cómo crece este bosque y ahora en cemento, desde que era un campo lleno de bosques frutos, plantas, a casas y edificios, no veo tierra sino pavimentos y veredas.
Entre la niña y el árbol había mucho diálogo en el silencio a través de su sonrisa, y el árbol a través de su firme plantón, pero que le decía mucho en su contemplación: yo estoy aquí y a tu lado para cuidarte y darte mi alma en aroma, para que te alegres… No te sientas sola, no hay soledad para ti, estoy yo ahí para alegrarte y darte todo hasta que se me agote. La niña vivía su paz, su mundo.
¿Cómo estas mi querido árbol? Mira a mi “Chiki” como salta, quiere jugar también contigo mi querido árbol, ¿Cómo dormiste? Tienes un olor tan dulce y agradable, me gusta estar contigo porque me das alegría y paz, dice la niña. Quiero que tú me abraces, no quiero estar solita, ¡tengo miedo!, abrázame, le pedía la niña al árbol. El árbol en su impotencia estaba como es, quieto pero por dentro lloraba, en su impotencia, tanto así que brotaba en sus troncos lágrimas de que algo iba a pasar con él. Pues lo presentía pero no lo quería, no soportaba estar plantado, quiere ser como ellos, un ser humano creía en convertirse en hombre acaso.
La niña en su inocencia e ingenuidad le decía y le repetía que quería estar a su lado, a dormir en las ramas junto con su perrito “Chiki” que la naturaleza le había preparado para ella. Aquella vez dormitó como si fuera una avecita en su nido y durmió, se le veía como una angelita que posaba después de su vuelo. En medio de su sueño la niña decía no tengo a nadie solo a ti, porque en ti respiro mi paz, con mi soledad estoy acompañada, porque tengo la esperanza en ti, mi querido árbol te veré en carne y hueso en el futuro…
Al día siguiente, su papá decidió tirarse abajo el árbol, porque era un estorbo y que quería ocupar este espacio, el árbol veía que se acercaba un hombre con una sierra eléctrica y esperaba el momento de ser cortado, “Chiki” comienza a ladrar como que avisando a la niña de lo que va a suceder, al escuchar el motor de la sierra, despierta de manera repentina y se dirige a la ventana de su dormitorio; el árbol mira en su silencio como despidiéndose, adiós niña, adiós mi niña bonita, espero verte en el futuro como ser humano, cuídate mucho, tú no estás sola yo siempre estaré a tu lado, siempre con mi aroma, tú me recordarás y estaré a tu lado por siempre, adiós mi niña bonita…En ese instante era cortado con la sierra y la niña gritaba, ¡no, no, no, no! ¡Papá! ¡No, no, no!- ¿Qué pasa?-le decía su papá, ¡por qué hiciste eso! ¡¿Por qué?! Era mi única compañía, era quien me cuidaba y protegía ¡porqué lo hiciste!, su papá se quedó sorprendido por la reacción de la niña y el constante ladrido de “Chiki” no entendía por qué reaccionaba de esta manera. Ya no está el árbol ha sido cortado su tronco ha sido sacado desde su raíz y la niña suelta en llanto, se volvió a quedar sola como una viuda del árbol, “Chiki” también apenado acompaña a la niña, tan solo le queda sus más bellos recuerdos de que el árbol la protegía y cuidaba…

